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domingo, 16 de abril de 2017

La Argentina del Femicidio y la justicia lenta

Por Raúl Enrique Bibiano




LA FALTA DE PENAS SEVERAS, HICIERON DE ARGENTINA UN PAÍS VIOLENTO Y SIN JUSTICIA





El 14 de febrero de 1988, el boxeador santafesino Carlos Monzón, asesinó a su esposa Alicia Muñiz en Mar del Plata.

La mecánica del Femicidio fue una muerte por asfixia mecánica por estrangulamiento, más allá que Monzón, intentó disfrazar la escena del crimen para evadir su responsabilidad, arrojándola como a una bolsa de papas por el balcón del chalet que ocupaban en el barrio La Florida de la ciudad de Mar del Plata.

La fractura del cartílago tiroides y del hueso hioides permitieron establecer que la mujer había sido severamente golpeada, estrangulada y luego, arrojada por el balcón desde el primer piso, y al golpear contra el piso su cadáver, sufrió un estallido del cráneo.


Fue así fue que la modelo Uruguaya Alicia Muñiz, perdió la vida en aquella calurosa mañana del 14 de febrero de 1988 en Mar del Plata en manos del ex-campeón del mundo Carlos Monzón.

El 26 de junio de 1989 Monzón comenzó a ser juzgado por los jueces Alicia Ramos Fondeville, Jorge Isaach y Gustavo Pizarro Lastra, quienes el 3 de julio lo condenaron a 11 años de prisión por homicidio simple. 

Condena que no fue completada debido a la muerte en un accidente de tránsito ocurrido en Los Cerrillos, Prov. de Santa Fe, el día 8 de enero de 1995 causado por conducir a alta velocidad en un día que gozaba extrañamente de permiso carcelario a sus 52 años.

Pero lamentablemente, en nuestro país, donde la falta de respeto es una constante, el gobierno provincial permitió erguir un monumento a este siniestro personaje, en lugar de hacer un monumento en defensa de las víctimas del Femicidio.


Mas allá que por aquel entonces en el país no se encontraba legislada una Ley contra el Femicidio, no se podía premiar a un asesino de mujeres rindiendo semejante culto por lo que hiciera antes. 

Solo resta una pregunta que considero que muchos nos hacemos: En Argentina, ¿alguna vez se hará Justicia?

Capitulo 1

miércoles, 30 de marzo de 2016

Historias de quienes aportamos algo de nosotros, para una mejor sociedad sin ningún reconocimiento oficial.

              JUSTICIA DIVINA,  A 19 AÑOS DE UNA MUERTE SEGURA
                                 Raúl Enrique Bibiano  En primera persona

Era una noche fresca de otoño, allá por el año 1997, en mi reloj faltaban 20 minutos para la hora 22:00 cuando estacioné el automóvil en la puerta de casa y como de costumbre, aun no había finalizado mi jornada.

Eran aproximadamente las 21:45, de la noche del día 2 de abril de 1997,  cuando me encontraba atravesando la intersección de la calle San Luis con la calle Jean Jaures, en el popular barrio de balvanera. De pronto escuché unas detonaciones, que en principio, mal imaginé que podrían provenir de algunas pirotecnias, por la fecha ( 2 de Abril ) en que se conmemora el aniversario del desembarco en las islas Malvinas.


Entrevista  al autor:  Al Rojo Vivo  -Telemundo - USA

Pero de repente, escuche que alguien exclamaba auxilio a viva voz, pidiendo la detención de un sujeto que a la carrera, avanzaba por la calle Jean Jaures, huyendo del lugar del robo (autoservicio denominado “ARGENCHINA”), situado en la calle Viamonte, casi esquina con la calle Ecuador.

La calle estaba mal iluminada, y dificultaba a simple vista distinguir lo que sucedía pero, mi sorpresa fue cuando observé en la penumbra, que un sujeto que venia a la carrera por la calle Jean Jaurés, disparaba su arma contra mí persona a quemarropa y a escasa distancia; calculo que a unos 10 metros aproximadamente.

Esquina del hecho en la tentativa de homicidio

Todo ocurrió imprevistamente, la munición había rozado el lóbulo de mi oreja derecha, lo que produjo una reacción inmediata, (de llevar mi mano hacia ella) dado el intenso ardor producido por el roce milimétrico, de un tiro que afortunadamente no se incrustara en mi rostro.

Acto seguido, no saliendo todavía del asombroso suceso, el intrépido sujeto ya frente a mi, a solo un cuerpo de distancia y con su brazo elevado, encañonó su arma sin titubeos en mi rostro, empujando el cañón de su revolver calibre 22 largo sobre mi frente, disparándola sin mediar palabra alguna...

De inmediato, escuché el clic del martillo golpeando contra el detonador del casquillo, seguido de la detonación de la munición. En el instante entre el clic y la detonación, se produce un shock emocional tan agudo en mi persona, que jamás he logrado olvidar, por un recuerdo en particular;

((Una película a incalculable velocidad, reprodujo en mi mente todas las imágenes de mi vida, desde la infancia, hasta ese preciso instante”)). De inmediato vi la muerte frente a mis ojos...

Aturdido por toda esta seguidilla de episodios, como perdido en tiempo y espacio en medio del confuso suceso, recuerdo al delincuente proseguir su carrera "arma en mano" y solo atiné a revisar mi frente, buscando sangre o una herida. “Nuevamente la justicia de ese ser supremo, al que comúnmente llamamos DIOS” milagrosamente me evitó una muerte segura, siniestra y desgarradora.

Mi rostro ardía como llama, y a esa altura de los hechos, solo podía pensar que mi vida había expirado pero, viéndome en pié y sin perder estabilidad física, me puse en carrera detrás del criminal.

Se trataba de un joven de unos 25 años aproximadamente, al que alcancé con una velocidad inusitada a 90 metros de distancia en algunos segundos, tirándome sobre él caco, reduciéndolo de inmediato y desarmándolo a mano limpia, al momento que varias patrullas de las Comisarias 7ª y 9ª de la Policía Federal Argentina, llegaban al lugar advertidos por personal de Prefectura Naval, que custodiaba objetivos Israelíes en las inmediaciones, cuya única participación, fue alertar al Comando Radioeléctrico de lo que estaba sucediendo.

Lugar del desarme y la detención del criminal a mano limpia

La detención se produjo en la calle San Luis casi esquina Ecuador y justamente llegaba al lugar el entonces Comisario René Jesús Derecho, por aquel entonces, Jefe de Estudios de Antecedentes Personales dependiente de la Superintendencia de Investigaciones de la P.F.A. quien de inmediato se hiciera cargo del procedimiento.

Narrados los hechos al Comisario Derecho, quien ya se abocara a labrar las primeras actuaciones en el lugar, Derecho me hace saber examinando el arma que habían sido disparados cuatro tiros efectivamente y que la munición del último disparo misteriosamente había quedado alojado a medio centímetro de la boca de la salida del cañón del revolver, salvando mi vida.

El arma era un revolver calibre 22, tenia 8 alvéolos, 4 vainas estaban servidas y quedaban aun 4 municiones que estaban intactas. Ese hecho, fue caratulado como “ROBO, ASALTO A MANO ARMADA, ABUSO DE ARMAS Y TENTATIVA DE HOMICIDIO”...

El delincuente quien diera varios nombres y apellidos distintos, resultó ser identificado y sobre su persona existían innumerable cantidad de antecedentes penales e inclusive, varios pedidos de captura en su frondoso prontuario.

Como corolario de este hecho, más allá de haber sido víctima del salvaje accionar de una violencia desmedida, tuve al momento de detener a este criminal, que protegerlo debajo de mi cuerpo, de las víctimas de origen chino, quienes armados con cajones y palos, intentaban lincharlo por el robo a su establecimiento comercial; evitando de esa manera, que se haga justicia por mano propia y primando ante todo, un razonamiento inviolable. El derecho de todo delincuente salvo caso de fuerza mayor, a ser debatido por la justicia.

“Pude perder la vida aquel fatídico día, inolvidable para mí, aunque seguramente el delincuente como muchos otros días de su vida, ese día lo habrá olvidado, porque considero que un delincuente no tiene conciencia ni interés por la vida de nadie”.

Mismo así, cada día 2 de Abril, lo festejo como un aniversario por estar vivo. Aun cuando sigo despertando muchas noches, intentando escapar de aquella torturada sensación de estar siendo fusilado por la mano de un criminal.

Y aun cuando DIOS, haya puesto su dedo para evitar milagrosamente, la salida de la munición de ese revólver en manos de un criminal, ello significa para mí un antes y un después, no solo por el beneplácito de haber sobrevivido, más también, recordando que salvé a un criminal de ser víctima de un linchamiento.

La causa en cuestión, radicó en la Fiscalía de Instrucción N°4 del fuero de la Capital Federal, que se encontraba a cargo del entonces Fiscal Pablo Lanuse, quien jamás me citó a declarar ni en calidad de víctima por el homicidio en grado de tentativa, ni como testigo.

Con certeza, el haber expuesto mi vida para lograr la detención de un peligroso delincuente, sobre el que pesaba un frondoso prontuario criminal y un sin fin de pedidos de capturas, no significó nada ni a merito siquiera, de una mera declaración de quien desde el Ministerio Público dirigía la investigación de los hechos aquí narrados.