Semanario de Sucesos y Noticias

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jueves, 12 de octubre de 2017

Procesaron a la Procuradora General de la Nación Argentina por Defraudación agravada

Redacción:


Procesaron a la Procuradora General de la Nación Alejandra Magdalena Gils Garbó por considerarla coautora penalmente responsable del delito de administración fraudulenta agravada por haberse cometido en perjuicio de una administración pública (artículo 173, inciso 7º, en función del artículo 174, inciso 5º, ambos del Código Penal, y artículos 306 y 310 del C.P.P.N.). Así también, la Justicia Federal ordenó un embargo por $7.000.000.- y la prohibición de salir del territorio nacional.

Realmente, no se hace necesario realizar ningún comentario respecto a este asunto, que demuestra hasta donde, ha llegado la inmoralidad y la falta de ética de algunos que hasta ahora, se creían intocables... Eso sí, considero que esta señora debería presentar ya mismo su renuncia, si es que tiene un poco todavía de verguenza.

A continuación, el auto de procesamiento contra esta funcionaria y Otros que conforme surge de la causa, la habrían acompañado en su raid delictivo. 

Sin palabras...

Fuente: SIJ Poder Judicial de la Nación Argentina.

jueves, 10 de agosto de 2017

Ataque terrorista en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

El ataque mediante bomba encomienda, ocurrió en INDRA sito en el Edificio Riverside, situado en Cecilia Grierson 255 5° piso del costoso barrio de Puerto Madero.

Por RAÚL ENRIQUE BIBIANO 



Era aproximadamente la hora 16:30 de esta tarde, cuando una empleada del área administrativa de la Empresa de sistemas tecnológicos INDRA, intentó abrir una encomienda que resultó ser un explosivo.

Dicha empleada recibió heridas de consideración, en tanto que otro individuo que se encontraba próximo a la empleada, también recibió heridas y quemaduras en sus miembros inferiores.

Según se pudo saber, esta encomienda habría estado depositada en el anterior domicilio de INDRA, sito en la Calle Paraná 1073 de esta ciudad, donde estuvo alojada desde al menos un día, y desde donde fue trasladado al lugar en el que este inusual y lamentable atentado tuvo lugar esta tarde, lugar a donde con solo un día de diferencia, la empresa se había mudado de domicilio.

INDRA es la empresa que iría a supervisar los datos alcanzados en las Paso 2017 y en las elecciones del mes de octubre próximo. Y que habría sido cuestionada por la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner tiempo atrás, razón por la cual, los comicios serían supervisados por el Correo Argentino.

Al lugar de los hechos, concurrieron de inmediato, Bomberos de la Prefectura, la Policía Federal Argentina y el servicio del SAME, que trasladaron de urgencia a los heridos hacia el Hospital Dr. Cosme Argerich, del Barrio de la Boca.

Al lugar de los hechos, también concurrieron, una unidad de perros adiestrados en búsqueda de más explosivos  y un equipo de rescate, y así también, Especialistas en explosivos y Personal de la Policía Científica.

Por otra parte, se pudo saber por fuentes oficiosas, que los heridos se encontrarían fuera de peligro y se encuentran en el área protegida de la guardia del citado nosocomio porteño, donde están siendo atendidos por personal médico.

Hasta el momento, las autoridades mantienen en sigilo esta situación que ya se encuentra judicializada y cuya investigación ha recaído en el Juzgado Federal a cargo del Dr. Daniel Rafecas y la Fiscalía a cargo del Dr. Guillermo Marijuan. Con certeza, en momentos más, brindarían una conferencia de prensa para explicar lo sucedido desde el Ministerio de Seguridad de la Nación.

Cabe destacar, que al momento, ningún grupo u organización delictiva o terrorista se ha adjudicado el atentado, que afortunadamente, no permitió lamentar víctimas fatales ni destrozos de envergadura.

Crédito imágenes: Agencias.

martes, 18 de abril de 2017

Blanca Araceli Fulles la chica que continúa misteriosamente DESAPARECIDA

Por Raúl Enrique Bibiano

 ¿QUÉ SUCEDIÓ CON ARACELI FULLES?

Según la seguidilla de testimonios sobre el misterioso caso de desaparición, Blanca Araceli Fulles de 22 años de edad, habría salido temprano de su domicilio situado en la calle Cabildo al 5900 de Villa Ballester y el día 31 de abril, último día en que habría sido vista por su familia.

Pero no solo eso, ella habría estado compartiendo una reunión con un grupo de personas denominada como “amigos” a unas pocas calles de su domicilio hasta las 02:00 a.m. del 01 de abril, testimonio de quienes a tener en cuenta, fueron los últimos en ver a la chica. Quienes afirman que a todo esto, que recibió un llamado en su celular y se alejó sin comentar hacia donde iría o con quien se encontraría…

"Dato curioso, si razonamos que estamos hablando de una chica comunicativa y por demás extrovertida".

Era la hora 07:00 de ese mismo día cuando su madre dijo haber recibido la llamada avisando que ya se encontraba regresando hacia su domicilio… pero fue lo último que se supo sobre ella.

Una chica que por la información trascendida, carecía de documentos y tal vez de dinero, no tenía la posibilidad de andar demasiado lejos de su casa, dado que se hace necesario contar con recursos para haber decidido irse por su propia voluntad a cualquier parte y además, al no contar con un DNI, olvidemos que hubiera viajado a cualquier parte fuera de lo que es su localidad u otra parte del país. Sin documentos no se venden pasajes ni de tren ni de ómnibus de mediana o larga distancia.

Y en el peor de los casos, si hubiera sufrido un accidente? ni siquiera hubiera podido ser identificada a su ingreso a un hospital por la carencia de identificación personal.

Alguien estuvo con ella entre las 02:00 y las 07:00 de la mañana. Alguien que nadie sabe quien es o de donde vive., o si se trató de un masculino o una femenina…

Entre idas y vueltas, Araceli hasta el presente no ha regresado y su teléfono tal parece, funcionó hasta la hora 07:11 conforme alguien de su entorno visualizó en el registro de Whatsapp, que ya no respondió llamadas ni mensajes y tampoco demostró que los que le enviaron hubieran sido leídos.
Esto es un indicador que ese celular ha sido apagado voluntariamente a esa hora o se quedó sin batería o que alguien se lo arrebató o se le cayó y se rompió.

A todo esto se le suma la demora en que las autoridades realicen diligencias de búsqueda conforme al protocolo de personas desaparecidas o posible víctima de un secuestro. La justicia pasó largo tiempo sin obtener información de la empresa Claro de telefonía celular respecto a llamados entrantes y salientes o del derrotero de antena y del último lugar en donde ha estado activa.

Como si esto fuera poco, hubieron de por medio varios días de intensas lluvias y tormentas, lo cual no ha dejado rastros para que canes adiestrados pudieran realizar una búsqueda.

Todo ha jugado en contra y sobre todo, cuando estos casos deben ser estudiados e investigados desde un primer momento. Pero no lo ha sido y ahora es cuando se observan los negativos resultados de una labor pésima de la policía y de la justicia.

Tanta ha sido la demora en todo que hasta el propio gobierno provincial decidió después de los reclamos realizados en las redes sociales, ofrecer una recomienza que con posterioridad a más reclamos por lo que ofrecían, aumentaron la suma hasta $500.000 por información efectiva que pudiera lograr dar con su paradero.

Hasta el presente, todo cuanto se ha realizado por parte de las autoridades, es como no hacer nada y la triste realidad es que la chica no es hallada ni aparece por sus propios medios. Cuando una persona desaparece, sea el motivo por el cual sea, las primeras 24 a 48 horas resultan cruciales para obtener un resultado favorable en toda investigación. Investigación que hasta el presente no arrojó nada que sea positivo.

También podes leer sobre este artículo en Globedia.com/ Edición Argentina

sábado, 8 de abril de 2017

Fueron hallados los restos de Micaela García pero no aparece Araceli Fulles

Por Raúl Enrique Bibiano


Con un triste final, esta mañana fueron hallados los restos de Micaela García de 21 años de edad, cuyo principal sospechoso por su desaparición y homicidio criminis causa, fue detenido anoche en el barrio Las Cantonas de la Localidad Bonaerense de Moreno.

Pero aun continúa desaparecida la joven Araceli Fulles de 22 años de edad de quien se perdió todo contacto desde el pasado sábado 1° de abril pasadas la hora 14:40, luego que ella posteó una imagen en su perfil de Facebook junto a un desconocido.

Araceli Fulles,  domiciliada en el Barrio Sarmiento del partido bonaerense de San Martin, Provincia de Buenos Aires, está desaparecida y es necesario que toda la sociedad colabore para dar con su paradero. Interviene la Comisaría de Billinghurst. San Martín, Provincia de Buenos Aires. Pero tal parece, ni la fiscalía ni la policía hacen nada por encontrarla.



La última vez que se tuvo  la joven, de aproximadamente 22 años de edad, fue el día sábado 1° de abril, cerca de las 14 horas, momento en que realizó un posteo en su cuenta de Facebook junto a un individuo al parecer desconocido de su familia como así también de sus demás amistades,

El martes último, sus familiares y amigos realizaron un corte en el cruce de las avenidas Márquez y Libertador, para reclamar por su aparición y se ruega a quien tenga cualquiera sea la información sobre el paradero actual de Araceli Fulles, de inmediato aviso a las autoridades policiales o mediante una llamada al 911 o a la UFI más próxima a su domicilio.


Araceli Fulles 22 años es buscada intensamente por su familia y amistades que esperan la colaboración de todos para regresarla a su hogar donde la aguardan angustiados.

Pero veamos las enormes diferencias entre una chica desaparecida de clase media y una chica pobre desaparecida en la República Argentina: Cambiamos pero pareciera que el sistema perverso y discriminador sigue siendo el mismo que en la época robada.

Esto se hacía por el caso de la lamentablemente asesinada y ahora hallada sin vida Micaela García desaparecida el 1° de abril en Gualeguay al salir de un boliche en plena madrugada:
El propio gobierno Nacional ofrecía una recompensa de $500.000. por información:

Pero por esta otra chica de condición muy pobre de la Localidad de San Martin, Provincia de Buenos Aires, desaparecida el mismo día, no hubo un fiscal que trabaje arduamente ni un equipo de búsqueda policial ni un gobernador que lleve palabras a su familia ni tampoco un ofrecimiento de recompensa por su paradero: Es decir? NADA de NADA! 
Estas cuestiones tan disparatadas son las primeras que se deben cambiar en una Argentina que queremos llevar adelante como una nueva Argentina. 



viernes, 13 de enero de 2017

Fiebre Amarilla: "La peor epidemia en Argentina de todos los tiempos"

Por Raúl Enrique Bibiano


Segmento histórico de la terrible epidemia de fiebre amarilla de 1.871 en Buenos Aires con un total de 14.000 víctimas fatales en poco tiempo


Monumento a las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires de 1.871
Erguida en el centro del actual Parque Ameghino - ex Cementerio del Sur.

En 1871 convivían en la ciudad de Buenos Aires, el Gobierno Nacional, presidido por Domingo Faustino Sarmiento, el de la Provincia de Buenos Aires, con el gobernador Emilio Castro, y el municipal, presidido por Narciso Martínez de Hoz: no existía aún el cargo de Intendente, creado 9 años después al federalizarse la ciudad; estos tres gobiernos tenían enfrentamientos políticos y jurisdiccionales.

Situada sobre una llanura, la ciudad no tenía sistema de drenaje, salvo el caso particular de unos pocos miles de habitantes que obtenían agua sin impurezas gracias a que en 1856, ante una propuesta de Eduardo Madero, el Ferrocarril Oeste decidió aumentar el calibre del caño que transportaba agua desde la Recoleta, donde estaban los filtros que servían para quitar las impurezas del agua que se utilizaba para el buen funcionamiento de las locomotoras a vapor, hasta la Estación del Parque, para poder así satisfacer también la demanda de agua de los vecinos.

Para el resto de la población, la situación era muy precaria en lo sanitario y existían muchos focos infecciosos, como por ejemplo los conventillos, generalmente habitados por inmigrantes pobres venidos de Europa o afroargentinos, que se hacinaban en su interior y carecían de las normas de higiene más elementales.

Otro foco infeccioso era el Riachuelo (límite sur de la ciudad) convertido en sumidero de aguas servidas y de desperdicios arrojados por los saladeros y mataderos situados en sus costas. Dado que se carecía de un sistema de cloacas, los desechos humanos acababan en los pozos negros, que contaminaban las napas de agua y en consecuencia los pozos, que constituían una de las dos principales fuentes del vital elemento para la mayoría de la población.

La otra fuente era el Río de La Plata, de donde el agua se extraía cerca de la ribera contaminada y se distribuía por medio de carros aguateros, sin ningún saneamiento previo.

La ciudad crecía vertiginosamente debido principalmente a la gran inmigración extranjera: para esa época vivían tantos argentinos como extranjeros, y estos últimos sobrepasarían a los criollos pocos años más tarde. El primer censo argentino de 1.869 registró en la Ciudad de Buenos Aires 177.787 habitantes, de los cuales 88.126 (49,6 %) eran extranjeros; de estos 44.233 (la mitad de los extranjeros) eran italianos y 14.609 españoles. Además de los conventillos mencionados, sobre 19.000 viviendas urbanas, 2.300 eran de madera o barro y paja.

Además de las epidemias de fiebre amarilla, en 1.867 y 1.868 se habían producido varios brotes de cólera, que habían costado la vida a centenares de personas y también estaban relacionados con la Guerra de la Triple Alianza, entre cuyos combatientes había causado varios miles de muertes.

Frente a esa situación, el censo antes citado indicaba que en Buenos Aires había apenas 160 médicos, menos de uno por cada 1.000 habitantes. Las instituciones públicas no estaban preparadas para hacer frente a las consecuencias de las deplorables condiciones higiénicas en que se encontraba la ciudad.

Desde principios del año 1870 se había tenido noticias en Buenos Aires de un recrudecimiento de la fiebre amarilla en Río de Janeiro. En el mes de febrero, y nuevamente en marzo, se logró evitar el desembarco de pasajeros infectados que llegaron en dos vapores desde esa ciudad.

No obstante, el presidente Sarmiento vetó el proyecto de extender la cuarentena a todos los buques procedentes de esa ciudad y en una oportunidad ordenó autorizar el desembarco de los pasajeros de dos buques provenientes de Río de Janeiro y la prisión del médico del puerto de Buenos Aires por haberlo impedido.

A fines de ese año se declaró una epidemia de fiebre amarilla en Asunción del Paraguay, donde la población vivía en un estado de pobreza extrema.

La Guerra de la Triple Alianza había finalizado recientemente con la derrota de Paraguay y los diarios locales atribuyeron la epidemia a la llegada de algunas decenas de soldados paraguayos prisioneros que habían sido repatriados desde el Brasil.

La población, debilitada por el hambre, tenía pocas posibilidades de resistir la epidemia y se llegaron a registrar veinticinco muertes por día, no existiendo registros del total de víctimas.
Dos hechos facilitaron la entrada de la epidemia a la Argentina: por un lado, tras la muerte de quince de sus hombres, el general Julio de Vedia evacuó centenares de soldados desde Villa Occidental (situada frente a Asunción) a la ciudad de Corrientes, y así la enfermedad llegó a territorio argentino.

Por otro lado, algunos diarios, como el The Standard de Buenos Aires, consideraron que no se trataba de fiebre amarilla sino de afecciones gástricas, y que el número de muertes diarias no eran alarmantes, lo que contribuyó a que no se tomara recaudo alguno para prevenir su traslado a la capital argentina.

Durante la guerra la ciudad de Corrientes había sido el centro de comunicación y abastecimiento de las tropas aliadas, incluidas las brasileñas, de modo que no es seguro que la enfermedad haya llegado desde el Paraguay. En esta ciudad de 11.000 habitantes, murieron de fiebre amarilla alrededor de 2.000 personas entre diciembre de 1.870 y junio del año 1.871.

La mayor parte de la población huyó, incluyendo el gobierno completo; hasta tal punto estaba abandonada la ciudad que un ciudadano llamado Gregorio Zeballos entró por su cuenta al despacho abandonado de la Casa de Gobierno y se hizo cargo en forma provisoria de la gobernación sin que nadie se le opusiera.

Otras poblaciones de la provincia de Corrientes sufrieron el castigo de la enfermedad, como San Luis del Palmar, Bella Vista y San Roque, que sumaron unas quinientas víctimas más.
A lo largo de la Guerra de la Triple Alianza, sucesivos grupos de combatientes arribaron a Buenos Aires. Estaban formados principalmente por oficiales, y correctamente controlados desde el punto de vista sanitario.

En cambio, durante el año 1.870 y a principios de 1.871 llegaron directamente desde Asunción y Villa Occidental grandes contingentes que no habían sido sometidos a ningún recaudo sanitario ni cuarentena.

Aunque las estadísticas no lo recuerdan, se da como fecha de iniciación de la epidemia el 27 de enero de 1871 con tres casos identificados por el Consejo de Higiene Publica de San Telmo.

Las mismas tuvieron lugar en dos manzanas del barrio de San Telmo, lugar que agrupaba a numerosos conventillos: las viviendas en las calles Bolívar 392 y Cochabamba 113, fueron los primeros focos de iniciación y propagación. En Bolívar 392, un pequeño inquilinato de ocho cuartos, el italiano Ángel Bignollo de 68 de años de edad y su nuera Colomba de 18, contrajeron la enfermedad siendo asistidos por el doctor Juan Antonio Argerich, quien no pudo evitar sus muertes.

En el certificado de defunción Argerich expresó que el deceso del primero se debió a una gastroenteritis, y el de la segunda a una inflamación de los pulmones. Ese diagnóstico, expresado erróneamente a sabiendas, tuvo la finalidad de no alarmar a los inquilinos de la casa y a los vecinos del barrio; pero en la notificación que Filemon Naón, comisario de la Sección 14, elevó al jefe de la policía, Enrique Gorman, se consignó que ambos eran casos de fiebre amarilla.

La Comisión Municipal, que presidía don Narciso Martínez de Hoz, desoyó las advertencias de los doctores Luis Tamini, Santiago Larrosa y Leopoldo Montes de Oca sobre la presencia de un brote epidémico, y no dio a publicidad los casos.

En esta fecha, Mardoqueo Navarro ya parecía desconfiar de los datos de la autoridad, pues en su diario anotó, con cierta ironía: "27 de enero: Según las listas oficiales de la Municipalidad, 4 de otras fiebres, ninguna de la amarilla".

Aunque a partir de esa fecha se registraron cada vez más casos (principalmente en el mencionado barrio de San Telmo), la Municipalidad continuó con los preparativos relacionados a los festejos oficiales del carnaval, que en aquella época, eran un acontecimiento multitudinario y de importancia para la ciudad.

A fines de febrero el médico Eduardo Wilde, que venía atendiendo casos de enfermos, aseguró que se estaba en presencia de un brote febril (el 22 de febrero se habían registrado 10 casos) e hizo desalojar algunas manzanas.

Pero los festejos de carnaval entretenían demasiado a la población como para escuchar su advertencia, los porteños se divertían en bailes y desfiles de comparsas, y algunos, como Manuel Bilbao, director de La República, afirmaban rotundamente que no se trataba de casos de fiebre amarilla.

El mes de febrero terminó con un registro de 300 casos en total, y el mes de marzo comenzó con más de 40 muertes diarias, llegando a 100 el día 6, todas a consecuencia de la fiebre.

Recién el 2 de marzo, cuando el carnaval llegaba a su fin, las autoridades prohibieron su festejo: la peste ahora azotaba también a los barrios aristocráticos. Se prohibieron los bailes y más de la tercera parte de los ciudadanos decidió abandonar la ciudad.

El 4 de marzo, el diario La Tribuna comentaba que en horas de la noche, las calles eran tan sombrías que “verdaderamente parece que el terrible flagelo hubiese arrasado con todos sus habitantes”. Sin embargo, aún se estaba lejos de lo peor.

El Hospital General de Hombres, el Hospital General de Mujeres, el Hospital Italiano y la Casa de Niños Expósitos no dieron abasto con la cantidad de pacientes. Se crearon entonces otros centros de emergencia, como el Lazareto de San Roque (actual Hospital Ramos Mejía) y se alquilaron otros privados.

El puerto fue puesto en cuarentena y las provincias limítrofes impidieron el ingreso de personas y mercaderías procedentes de Buenos Aires. Los alquileres aumentaron fuertemente en los alrededores de la ciudad.

El municipio fue incapaz de sobrellevar la situación, por lo que en respuesta a una campaña periodística iniciada por el periodista Evaristo Federico Carriego de la Torre, miles de vecinos se congregaron, el 13 de marzo, en la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) para designar una “Comisión Popular de Salud Pública”. Al día siguiente, tal agrupación nombró como presidente al abogado José Roque Pérez y como vicepresidente al periodista Héctor Varela; además, la conformaron, entre otros, el vicepresidente de la Nación Adolfo Alsina, Adolfo Argerich, el poeta Carlos Guido y Spano, el ex presidente de la Nación Bartolomé Mitre, el canónigo Domingo César, el sacerdote irlandés Patricio Dillon y el nombrado Carriego. Este último exhortaba:”Cuando tantos huyen, que haya siquiera algunos que permanezcan en el lugar del peligro socorriendo a aquellos que no pueden proporcionarse una regular asistencia”.

Entre otras funciones, la comisión tuvo como tarea la expulsión de aquellas personas que vivían en lugares afectados por la plaga, y en algunos casos, se quemaban sus pertenencias. La situación era aún más trágica cuando los desalojados eran inmigrantes humildes o que aún no hablaban bien el español, por lo que no entendían la razón de tales medidas.

Los italianos, que eran mayoría entre los extranjeros, fueron en parte injustamente acusados por el resto de la población de haber traído la plaga desde Europa. Unos 5.000 de ellos realizaron pedidos al consulado de Italia para retornar a su país, pero había muy pocos cupos; además, muchos de los que lograron embarcar, murieron en alta mar.

Una observación del doctor Guillermo Rawson podría haber llevado a entender el vector del contagio: muchas familias habían huido tempranamente de la capital a algún pueblo cercano, y Rawson observó que los miembros de esas familias que regresaban a la ciudad (aunque fuese por unas horas) solían enfermar, pero no contagiaban a sus familiares. Lo que faltaba fuera de las zonas húmedas de la ciudad era el mosquito Aedes aegypti; pero ni Rawson ni los demás médicos sabían que este es el vector de la enfermedad, algo que no sería descubierto hasta una década más tarde.

Entre los médicos que fallecieron en labores para contrarrestar la enfermedad estuvieron los doctores Manuel Gregorio Argerich, su hermano Adolfo Argerich, Francisco Javier Muñiz, Zenón del Arca (decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires), Caupolicán Molina, Ventura Bosch, Sinforoso Amoedo, Guillermo Zapiola y Vicente Ruiz Moreno. Otros médicos que permanecieron en su puesto o incluso acudieron a la ciudad, y sobrevivieron, fueron Pedro Mallo, José Juan Almeyra, Juan Antonio Argerich, Eleodoro Damianovich,nota 6 Leopoldo Montes de Oca, Juan Ángel Golfarini, Manuel María Biedma y Pedro A. Pardo.

La ciudad contaba solamente 40 coches fúnebres, de modo que los ataúdes se apilaban en las esquinas a la espera de que coches con recorrido fijo los transportasen. Debido a la gran demanda, se sumaron los coches de plaza, que cobraban tarifas excesivas. El mismo problema con los precios se dio con los medicamentos, que en verdad poco servían para aliviar los síntomas.

Como eran cada vez más los muertos, y entre ellos se contaban los carpinteros, dejaron de fabricarse los ataúdes de madera para comenzar a envolverse los cadáveres en trapos. Por otra parte, los carros de basura se incorporaron al servicio fúnebre y se inauguraron fosas colectivas.

Por otro lado, el número de saqueos y asaltos a viviendas aumentaron: existieron casos donde los ladrones accionaban disfrazados de enfermeros para introducirse en las casas de los enfermos. Fue incesante la actividad que desarrolló la Comisaría Nº 14, a cargo del Comisario Lisandro Suárez: día y noche recorrían las calles, cerrando con candados (cuyas llaves eran entregadas al Jefe de Policía) las puertas de calle de las casas de San Telmo, abandonadas precipitadamente por sus dueños.

El cementerio del Sur, situado donde actualmente se encuentra el parque Ameghino en la Avenida Caseros al 2.300, vio rápidamente colmada su capacidad. El gobierno municipal adquirió entonces siete hectáreas en la Chacarita de los Colegiales (donde hoy se encuentra el Parque Los Andes, entre las actuales avenida Corrientes y las calles Guzmán, Dorrego y Jorge Newbery) y creó allí el nuevo Cementerio del Oeste. Quince años más tarde, éste se trasladaría a pocos metros de allí, al actual Cementerio de la Chacarita.

El 4 de abril fallecieron 400 enfermos, y el administrador de dicho cementerio informó a los miembros de la Comisión Popular que tenía 630 cadáveres sin sepultar (además de otros que había encontrado por el camino) y que 12 de sus sepultureros habían muerto. Fue entonces cuando Héctor Varela, Carlos Guido Spano y Manuel Bilbao, entre otros, tomaron la decisión de oficiar de enterradores; al hacerlo rescataron de la fosa común a algunas personas que aún manifestaban signos de vida, entre ellas una francesa lujosamente vestida.
No fue el único caso: en su diario, Navarro afirmaba que hubo enterramientos de gente viva.

Esto se condice con relatos de diversos periódicos: por ejemplo, "La Prensa" del 18 de abril comentaba de un tal Pittaluga, que fue dado por muerto y "revivió" en camino al cementerio, y de otro caso, ocurrido el 15 de abril, en que un enfermero se pescó una borrachera y al ir a su casa se desvaneció y quedó sobre una calle, hasta que fue levantado por un recolector de cadáveres que lo arrojó a una fosa. El supuesto muerto tuvo la suerte de despertarse a tiempo, justo cuando comenzaban a rociarlo con cal.

El 7 de abril (era Viernes Santo) murieron 380 personas por la fiebre (y apenas 8 por otras causas). El Sábado de Gloria fallecieron 430 de fiebre. Del 9 al 11 de abril se registraron más de 500 defunciones diarias, siendo el día 10 el del pico máximo de la epidemia, con 563 muertes; debe considerarse que el promedio diario normal de muertes antes de la tragedia era de veinte individuos. Comenzaron a producirse además casos fulminantes, gente que moría uno o dos días después de contraer la enfermedad.

Ayudada por los primeros fríos del invierno, la cifra comenzó a descender en la segunda mitad de abril, hasta llegar a 89. Sin embargo, a fin de mes se produjo un nuevo pico de 161, probablemente provocado por el regreso de algunos de los auto evacuados, lo que condujo a su vez a una nueva huida. El mes terminó en definitiva con un saldo de más de 7.500 muertos por el flagelo, y menos de 500 por otras enfermedades.

El diario inglés The Standard publicó una cifra de víctimas fatales por la fiebre que se consideró exagerada y provocó indignación a los porteños: 26 000 muertos.

El doctor Guillermo Rawson afirmó que fallecieron 106 personas por cada 1000 habitantes, cifra también considerada muy alta. Es difícil establecer con exactitud la cantidad correcta, pero los datos de las fuentes más serias la cifran entre los 13.500 y 14.500.

El Monumento a los caídos de la fiebre amarilla erigido en 1.899, es el único monumento que existe hoy en la ciudad en memoria de la peor tragedia (por la cantidad de muertos en comparación con el total de la población) que haya sufrido Buenos Aires. Se encuentra situado en el lugar que ocupara el edificio de la administración del Cementerio del Sur (actual parque Ameghino), frente al hospital de infecciosas Dr. Francisco Javier Muñiz.

En medio de este parque, el monumento ostenta una inscripción central: “El sacrificio del hombre por la humanidad es un deber y una virtud que los pueblos cultos estiman y agradecen”.

En definitiva, nadie se percataba que el enemigo  mortal se encontraba frente a las narices de todos y a quien nadie le prestaba importancia: El Aedes Aegypti, un singular mosquito capaz de asesinar a millones de personas en corto plazo.

Desde 1881, gracias a las investigaciones del cubano Carlos Juan Finlay, se sabe que el agente transmisor de la fiebre amarilla es el mosquito Aedes Aegypti. 


Antes de esa fecha, los médicos atribuían la causa de muchas epidemias a lo que llamaban miasmas, emanaciones fétidas de aguas impuras que se suponía flotaban en el ambiente.


El Aedes Aegypti, causa además de la Fiebre Amarilla, otras enfermedades sumamente mortales conocidas como: Zika, Dengue, Chikungunya, Ébola y otras más!  Se recomienda no dejar recipientes que puedan contener agua o líquidos donde este insecto mortal se pueda reproducir.